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Bishop's Statements

Transition
November 1999

Estimados Hermanos y Hermanas en Cristo,

Hacen ya unos 14 meses desde que llegué al Valle de Santa Clara con motivo de comenzar mi ministerio con el Obispo Pierre DuMaine. Ahora, con la jubilación del Obispo Pierre, nuestro Santísimo Padre me ha pedido a este servidor tomar un papel nuevo de servicio y testimonio como Obispo de San José.

Agradezco profundamente a Monseñor DuMaine, por haberme animado y apoyado y por haber edificado esta iglesia local sobre una fundación firme que nos permite a todos planear y soñar en un futuro luminoso.

De parte mía y de todos los feligreses de la Iglesia de San José, ofrezco las gracias a Monseñor DuMaine, mi promesa de oraciones contínuas, y una bienvenida abierta en el futuro.

Me ha dado muchísimo gusto poder visitar a casi cada parroquia en la Diócesis de San José, y por medio de estas visitaciones he ganado un entendimiento amplio de y aprecio para la vida de la iglesia en este valle.

En cada caso, he sentido una gran estimación para la dedicación y el entusiasmo de los sacerdotes, religiosos, y fieles quienes están dando testimonio a la presencia de Cristo y compartiendo la compasión y la curación de Dios entre nosotros.

Me siento animado por la calidad de la educación religiosa y de las escuelas católicas en nuestra diócesis, donde los jovenes reciben la formación sobre la práctica del juicio crítico, la motivación, y la fe que les ayudará a escoger las opciones y hacer las decisiones que son necesarios para formar un mundo mejor para el futuro.

Tanto como he rogado que el dueño de la cosecha mandará obreros a la viña, también invito a todo el pueblo de la Diócesis de San José a unirse conmigo en alentar a los jovenes para que consideren con humildad la llamada de Dios a compartir en una vida de servicio y veneración en las comunidades religiosas y en el sacerdocio.

Las vocaciones son un don de Dios; no obstante, la semilla hay de caer en tierra fértil para poder producir una cosecha abundante. Preparémosnos una bienvenida para la llamada divina por medio de recordar a todos los jovenes de los desafíos y las alegrías que les esperan a aquellos que sirven a la Iglesia de Cristo y que aman al pueblo de Dios.

Entre las oficinas, los departamentos, y las instituciones de nuestra iglesia, he encontrado hombres y mujeres quienes están comprometidos firmemente a una vida de servicio al prójimo, dando testimonio al amor de Cristo.

Siguiendo al ejemplo y la inspiración de Cristo el Buen Pastor, estos agentes de la iglesia están atendiendo a los pobres, los débiles, los marginados, y aquellos quienes están más necesitados. En todo esto, la Iglesia en San José es una voz efectiva de parte de todos los que faltan poder e influencia en la sociedad moderna.

También he sentido muy alentado por mis reuniones y relaciones con los miembros de otras iglesias cristianas y con representantes de diversas tradiciones religiosas. Espero que todos lucharemos para lograr lazos más fuertes y cooperación más unida en aquellas áreas en las cuales, juntos, podemos servir de una manera mejor al pueblo de Dios.

Durante el año entrante del Jubilario, juntos embarcaremos en un camino de descubrimiento para conocernos mejor tanto a nosotros como a nuestra comunidad y nuestra iglesia.

Ya cuando nos conozcamos a nosotros mismos y a nuestro Señor y sabemos cuál es la dirección que hay debemos tomar como iglesia para enfrentar a los desafíos y necesidades del milenario entrante, entonces juntos podremos discernir las direcciones y los pasos que hay que tomar para continuar nuestro ministerio y el mensaje de Cristo en el mundo. En este camino de discernimiento y descubrimiento, vale mucho que se escuche a la voz del pueblo para que “juntos en Cristo” podamos reafirmar nuestro testimonio al Evangelio de Amor y a la esperanza de la vida que viene.

Mientras comienzo mi servicio como pastor y servidor, les prometo mis oraciones para la iglesia, y pienso con mucha ilusión tener oportunidades para compartir con cada uno de ustedes la esperanza y la promesa del amor y cuidado de Dios. Igualmente, les pido sus oraciones para mí, para que con el favor de Dios y la inspiración del Espíritu, siempre les puedo servir en humildad y amor.

Deseándoles cada gracia y bendición hasta el regreso del Señor, soy,
Su atento servidor en Cristo,
Patrick J. McGrath
Obispo de San José

Traducido por Linda Tully.