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Bishop's Statements

Letter on Bishop’s Policy on Sexual Abuse
17 de junio del 2002

Queridos Amigos:

Ya pasaron dos semanas desde la última vez que les escribí. La carta fue incluida en los boletines de sus parroquias. En esa carta, les pedí que hicieran oración para que el Espíritu Santo guiara las deliberaciones de los obispos de los Estados Unidos, los cuales se reunieron en Dallas del 13-15 de junio. Les agradezco por sus oraciones y por todo el apoyo que personalmente recibí de ustedes.

Como ya saben ustedes, el viernes 14 de junio, los obispos votaron para adoptar el Estatuto para la Protección de Niños(as) y Gente Joven (“Estatuto”) y las Normas Esenciales para los Estatutos Diocesanos que Tratan las Alegaciones de Abuso Sexual a Menores por Sacerdotes, Diáconos, u Otro Personal de la Iglesia (“Normas Esenciales”). Estos documentos formarán los estatutos y las prácticas de cada una de las diócesis en este país. Aún mientras esperamos el reconocimiento formal de la Santa Sede, los obispos hemos acordado que estas normas son vigentes inmediatamente en cada una de nuestras diócesis. Por lo tanto, estas mismas gozan ya de la fuerza legal en la Diócesis de San José. Ahora comenzaremos el proceso de implementación. Estoy listo para trabajar con el Equipo de Tarea para incorporar las Normas en nuestros ya existentes estatutos sobre el abuso sexual.

Cuando viajé a Dallas, mi objetivo era claro: la protección de los niños(as) y la gente joven de cualquier forma de abuso sexual por sacerdotes, diáconos, y demás personal de la iglesia, ya sean empleados o voluntarios. Fue necesario que los miembros de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos actuaran como lo hicimos.

Al acordar que “por un simple acto de abuso sexual a un menor pasado, presente, o futuro el sacerdote o diácono ofensor será removido del ministerio” [Estatuto, Artículo 5], también aclaramos que la Iglesia en los Estados Unidos no tolerará ninguna forma de abuso sexual a menores por cualquier miembro del personal de la iglesia [cf. Normas Esenciales, #7].

Estoy consciente de que algunas personas, especialmente víctimas/sobrevivientes y sus familiares, quizas no estarán satisfechas(os) con el Estatuto conforme los obispos lo han decretado. Ellos(as) les gustaría ver al sacerdote o diácono ofensor regresar al estado laico. A pesar de que esta opción puede ser aplicada a los ofensores, verdaderamente creo que tal acción, si se aplica en todos los casos, podría causar un daño aún mayor a los miembros vulnerables de la sociedad.

Cuando un sacerdote o diácono regresa al estado laico, su diócesis o congregación religiosa ya no está obligada a proveerle supervisión, terapia, medicamentos, y otras formas de apoyo. El remover a un sacerdote de todo ministerio en la Iglesia y prohibirle usar el atuendo sacerdotal es en sí una sanción seria y severa. Esto es verdad porque la identidad del sacerdote está profundamente ligada a su ministerio público al celebrar la liturgia y los sacramentos, así como al desempeñar otros servicios pastorales.

Al avanzar en este proceso, debemos de comprometernos a trabajar juntos para que nuestra aplicación de este Estatuto y sus Normas Esenciales fortalezcan nuestros esfuerzos y nos guíen en nuestra determinación de asegurar que cada persona en nuestra Diócesis niños(as) y gente joven en particular esté segura y protegida de cualquier forma de abuso sexual.

Junto con mis hermanos obispos, les reitero lo que prometimos en la conclusión del Estatuto para la Protección de Niños(as) y Gente Joven:

  • Nosotros prometemos solemnemente a nosotros mismos y a ustedes, gente de Dios, que trabajaremos al extremo por la protección de los niños(as) y los jóvenes.
  • Nosotros prometemos que dedicaremos a esta meta los recursos y el personal necesarios para cumplirla.
  • Nosotros prometemos que haremos lo mejor de nuestra parte para ordenar al sacerdocio y colocar en posiciones de confianza solamente a aquellos que compartan este compromiso de protección a la niñez y la juventud.
  • Nosotros prometemos que trabajaremos para sanar y reconciliar a aquellas personas abusadas sexualmente por clérigos.

Nosotros hacemos estas promesas con un sentido humilde de nuestras propias limitaciones, apoyándonos en la ayuda de Dios y de sus sacerdotes y personas fieles que trabajen con nosotros para llevarlas a cabo.

Les agradezco, una vez más, por sus oraciones en estos días difíciles. También quiero ofrecerles de todo corazón mis más sinceras gracias a las víctimas y sobrevivientes que se han manifestado en los meses recientes, pues al hacer esto nos han permitido reconocer y afrontar este horrible problema y comenzar el proceso de sanación. Al darme cuenta que no puedo ser capaz de apreciar completamente la profundidad de su dolor y sufrimiento, sin embargo sí he llegado a sentir el daño profundo que ellos(as) siguen viviendo. Como su obispo, les ofrezco mi más sincera disculpa y mi compromiso de hacer todo lo que este a mi alcance para proteger a todas las personas vulnerables de nuestra Diócesis.

Finalmente, extiendo mis disculpas a todos los sacerdotes y ministros de la iglesia que han servido fielmente y sin embargo han sufrido enormemente debido a este escándalo. Su servicio fiel continúa siendo causa de regocijo y les doy las gracias por todo lo que hacen.

Con mis mejores deseos y bendiciones,
Sinceramente de ustedes,
Patrick J. McGrath
Obispo de San José