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Bishop's Statements

Appropriate Response to September 11, 2001
17 de septiembre del 2001

Como su pastor en Cristo y compatriota, los invito a orar sin cesar conmigo y a tomar un tiempo para ver los horrorosos eventos que ocurrieron en la semana. Es muy importante para nosotros pasar un tiempo con el príncipe de la paz buscando la Sabiduría de la luz divina que nuestra fe nos da.

Encomendemos a nuestros muertos en la misericordia de Dios y oremos por el consuelo de sus familias y amigos. Que los heridos del cuerpo y del espíritu se restablezcan y sanen. Y demos gracias a Dios por los rescatistas y voluntarios generosos quienes por sus heroicos esfuerzos han sostenido en nosotros la confianza en la bondad humana.

Una y otra vez nosotros hemos escuchado que estos ataques terroristas han para siempre cambiado el caracter de nuestra nación. Como Católicos y Americanos, cómo deberemos responder a esta nueva realidad?

Jesús nos advirtió que un ataque al alma es más peligroso que una herida física (Mateo 10:28). Nuestra comunidad nacional ha sido severamente herida por personas llenas de odio. Nosotros debemos resistir ese odio. Ellos han triunfado con ese ataque a nuestros vecinos e instituciones. Pero no debemos de permitir que su odio invada nuestro espíritu.

Ciertamente nuestra nación debe de buscar, localizar, y juzgar a los responsables. Debemos de desmantelar las redes terroristas y ayudar a corregir las injusticias aquellas causantes de los interminables círculos viciosos del odio y la violencia.

Comprensiblemente, la conmoción y la tristeza han causado en nosotros un sentimiento de coraje que llama a la venganza. Queremos apaciguar nuestra furia al golpear a aquellos que cruelmente nos han herido. Qué otra cosa sería mas natural? Pero es aquí donde debemos de hacer una pequeña pausa. La revancha es un veneno que dirijimos hacia los demas pero igualmente consume y distorciona nuestro espíritu. Este pasado 11 de septiembre presenciamos las profundidades del mal hacia donde el odio puede guiar. No debemos de responder de la misma forma. Si nos dejamos llevar por la venganza, entonces los terroristas habran herido no solo el cuerpo de América sino también nuestra alma. Esa sería su mayor victoria.

Amenazas y ataques a nuestros vecinos árabes e islámicos tristemente manifiestan un erroneo deseo de venganza. Este sentimiento nunca se justifica y debe de ser reprimido.

Como ciudadanos de una democracia somos responsables por las mismas políticas que nuestra nación busca. No podemos delegar nuestras obligaciones a la conciencia de otros. Los Estados Unidos tienen una inmensa riqueza, poder, y libertad para actuar. Cómo pues debemos de responder a estos ataques?

Existe una terrible y peligrosa ironía dentro de nuestra trágica circunstancia. Al encontrarse incapaces de alcanzar a aquellos responsables por las políticas de nuestra nación, los terroristas han asesinado a ciudadanos americanos al azar, y en el Centro Mundial de Comercio (WTC por sus siglas en inglés), a ciudadanos de otros paises. La obvia dificultad de buscar y encontrar a estos terroristas ahora nos tienta a llevar a cabo actos que quizas lastimen a personas inocentes. Se habla de guerra. La pérdida de vidas inocentes, elegantemente referida como daño colateral, es parte inevitable de estos conflictos bélicos modernos. El Evangelio de Cristo Jesús y la tradición moral Católica prohiben ataques a vidas inocentes. Nuestra meta debe consistir en encontrar estrategias que protejan a nuestra nación y al mundo del terrorismo sin herir al inocente. Al fallar en esto arriesgaríamos el inflamar aún mas el círculo de violencia y distorcionar nuestro propio espíritu.

En resumen, debemos de resistir la cultura de la violencia que amenaza envolver a nuestro mundo.

Rezo que la paz de Nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu sean nuestro refugio y manantial para todo lo que hagamos en los difíciles dias venideros.

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Traducido por Lupita Vital y Moisés Gutiérrez